Casa vampiro (What we do in the shadows)
Nueva Zelanda-Estados Unidos, 2014, 83’
Dirigida por Taika Waititi y Jemaine Clement.
Con Taika Waititi, Jemaine Clement, Jonny Brugh y Cori Gonzales-Macuer.

Una tradición oculta

Por Federico Karstulovich

La culpa no es de Welles, sino de quien lo alimenta.
El documental apócrifo o falso documental tiene algo de wellesiano, si. Pero no es definitiva esa influencia, che. Apenas es un punto de partida. En todo caso lo que para Welles era transcendental y político (como se construye un relato y cuales son las consecuencias de esa construcción?) para el llamado mockumentary es bastante mas relajado: el asunto es pensar, desde el registro simulado de lo documental, la mirada sobre el registro naturalizado de eso que presuntamente llamamos “lo real”. Pero ahí en donde Welles se fascina con los procedimientos formales, con la narración del engaño, el mockumentary se concentra en la exposición satírica del registro documental para hacerlo estallar por exceso. El resultado suele ser contundente: mientras el documental apócrifo tradicional tiene ese no se que de lo didáctico el mockumentary es profundamente empático, humanista.

Quizás por todas estas cosas, quizás por su amor por los personajes y por su estructura burbujeante el mockumentary haya sido una tradición secreta, casi completamente desconocida para el publico masivo. Y ahí donde el falso documental wellesiano ganaba adeptos por el costado cerebral (injustamente, ya que Welles siempre tuvo un sentido del humor extraordinario, algo que no muchos críticos supieron apreciar en F de Falso).

En esa noble tradición que supone el mockumentary (y que tiene a Christopher Guest como a uno de sus mayores cultores) se entronca What we do in the shadows, que a su vez sigue la mas reciente moda audiovisual australiana y neozelandesa por el mockumentary (aunque la piedra angular de esta tendencia geográfica la haya situado la extraordinaria Forgotten silver exactamente hace dos décadas). En esta dirección la película de los creadores de la genial The flight of the concords puede no diferenciarse sustancialmente de la historia que la precede, pero posiblemente se convierta (como Borat supo serlo en la versión cínica de este subgénero) en la avanzada para que el género termine por hacer el salto necesario y se masifique.

Ahora bien, más allá de la cualidad azarosa de convertirse en uno de los mockumentaries más comentados de los últimos años, WWDITS es también –como supo serlo la seminal Esto es Spinal Tap- una extraordinaria película sobre la amistad, precisamente porque mientras que la tristemente célebre Borat nos convencía del humor documental humillando a terceros a diestra y siniestra -es decir, poniendo al personaje por encima del mundo- WWDITS construye a su mundo desde los personajes y por eso logra que estos tengan vida, carnadura y humanidad. Ahí esta también la incidencia de la nueva comedia Americana dando vueltas, logrando articular la melancolía de los freaks que viven una vida aislada del resto pero a la vez combinándola con la celebración, la ceremonia secreta del grupo como ultimo refugio.

Si a esa capacidad empática la combinamos con buen timming y velocidad para construir ping-pongs de oneliners, si le sumamos una pizca (muy Commonwealth, si) de humor ingles al mejor estilo de ciertas películas recientes de Simon Pegg y si cerramos con una noble cualidad, que es la de hacer pasar el tiempo como si fuera arena en las manos, uno puede decir que el equipo gana, gusta y golea.

Quizás sea hora de despedirse del gran gordo, cuya influencia todo toca. Y comenzar a darse cuenta que el subgénero de la comedia documental ya está grande, tiene pelos, se mantiene por si sola en pie y merece alguna consideración un poco mayor a la del discreto desprecio con la que la película fue tratada.

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