Autor: Amilcar Boetto

El príncipe

El Príncipe plantea este momento en donde una decisión específica relacionada a lo sexual, que es salir del closet (tanto en el contexto social del Chile de los ’70, como en el texto mismo de la película, lo sexual es político). La película se pregunta en qué circunstancias y bajo qué formas es que este acto de liberación puede aparecer en un contexto en donde la homosexualidad no está aceptada, pero también se pregunta como una persona puede soportar esta insoportable carga y convivir en una sociedad en la cual no puede desenvolverse sexualmente. La castración típica del melodrama aquí dice presente. Y en esta tensión infinita que plantea la película sobre algo que está a punto de estallar todo el tiempo es en donde sus puntos mas altos aparecen (la escena donde se masturba revolcándose en el lodo, la escena donde se besa con el chico lindo de la cárcel por dos segundos). Melodrama carcelario, si. Pero también construcción de época que lo excede. Encerrado afuera, liberado adentro.

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The Farewell

En definitiva lo más interesante de The Farewell es que la despedida de Billi a su abuela se filma con este doble tono, constantemente. En ese tono puede convivir lo rídiculo con lo dramático, lo frío con lo cálido, lo inverosímil con la tristeza, el amor con un ritual de gritos algo risueño. En este juego de dos ficciones cruzadas es donde se desarrolla la película, llegando al punto en donde Billi acepta, gracias a su familia, la locura que le parece no decirle a su abuela que tiene cáncer, para que luego, con una sorpresa final, la directora nos anuncie que su abuela (la historia es obviamente autobiográfica) sigue viva a pesar de que pasaron casi siete años de los hechos narrados por la película. Es decir, luego de construir ese aparato narrativo doble, la directora lo rompe, desarticulando toda la representación con el golpe más duro que puede recibir: la realidad, porque, en definitiva, todo lo que vimos era una gran y elegante ficción

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Lucy in the Sky

El vacío del espacio se vuelve locura terrenal, porque la tierra está vacía de contenido para aquella persona que la observo desde un punto de vista que nadie lo hizo. Pertenecen a un club. Son unos pocos privilegiados, al mismo tiempo que unos pocos condenados. La tortura es tal que se ponen a observar una y otra vez la misión fallida de Challenger en la televisión. La sensación es de ambigüedad constante entre la grandeza inentendible y una locura irrefrenable.Para nosotros la sensación también es ambigua. Porque Lucy in the Sky no es para nada una película cómoda para los fanáticos de la categorización rapida de rottentomatoes. Es probable, de hecho, que viendo la película de Noah Hawley dentro de la misma escena haya diálogos que nos cautiven y la línea siguiente a esa todo se caiga por la borda cayendo en el melodrama más telenovelesco, para luego en otra línea volver a una simpleza poética, de nuevo, cautivante.

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La muerte no existe y el amor tampoco

Ya el título enuncia que las dos cosas inevitables de la vida, en realidad, no tienen lugar de ser. O por lo menos no tienen lugar de ser en el nuevo film de Fernando Salem. Porque la película se plantea en ese lugar que es el reverso perfecto del coming of age: la vuelta al pueblo de origen. Mientras uno mira al futuro, otra mira al pasado, mientras uno plantea un misterio hacia lo que va a venir y una incertidumbre sobre eso que es ser adulto, otro plantea una relación entre un futuro que no fue lo que se esperaba y un pasado que no puede superarse para seguir adelante. Ahí, en el punto en donde el pasado de ilusiones converge con un presente monótono en donde los sueños siguen sin llegar, es donde la muerte no existe y el amor tampoco. Condiciones tan trascendentales no pueden existir en el punto donde el tiempo se congela y se mira retrospectivamente a un pasado que quedo estático.

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Scorsese, violencia y veneno

Habría que retrotraerse y pensar en algunas cuestiones. En Scorsese la celebración del gánster no es producto de un mito, como en los viejos arquetipos del género en los 30s, sino que es el resultado de una operación subjetiva. Henry Hill siempre quiso ser un gángster y lo dice desde el mismo inicio de Buenos Muchachos. De hecho la película se posiciona en la mas plena subjetividad. Por eso la idealización de esa figura no es objetiva, sino que la procesión va por dentro. No estoy diciendo nada nuevo, por supuesto. Pero ese momento que mencionaba antes despierta una posición ambigua de MS respecto al tema. Hay algo de una sensación de disgusto ético frente a la crianza que luego se convierte en abandono de parte del mundo de los gángsters frente a Henry.

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