Autor: Santiago Gonzalez

Tower of evil (Jim O’Connolly, 1972)

Llama la atención que cuando se trata de estudios sobre el género de terror en los setenta haya poco material sobre lo que se producía en Inglaterra. Esto no significa que no hubiera películas pero da la sensación de que fueron eclipsadas por lo que hacían sus vecinos. Tengamos en cuenta que la famosa renovación del fantástico no solo fue en Estados Unidos, Italia y España, sino que fue en todos los países que abordaron al género. Hay numerosos libros analizando el fenómeno del fantástico en esos países, pero de Inglaterra poco y nada. Si los hay sobre la anterior década y referidos a la productora Hammer y sus ramificaciones. El porqué de esto es muy obvio. No solo se trata del legado que dejo dicha productora, que al fin y al cabo renovó a los mounstros clásicos y nos dio nuevas estrellas. Sino que era algo propiamente suyo, de su propia identidad. La Hammer, y también sus imitadores, supieron traer a pantalla a todo aquello que hizo a la cultura fantástica inglesa.

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Torso (Sergio Martino, 1973)

Torso no es el único nombre con el que se conoce a esta película (de hecho buena parte de las producciones italianas de terror de los 60s-70’s adoptaron la modalidad de contar con varios nombres a la vez para el mercado internacional), sino que tiene otro título con el que se la conoce, característico de ciertos giallos, en donde la extensión de los títulos de las películas construían el clima previo a la película. Torso también fue conocida como Los cuerpos presentan trazos de violencia carnal. Sin ir más lejos, el título corto me retrotrae a Pieces (1982) de Juan Piquer Simon (también conocida como Mil gritos tiene la noche), acaso el primer slasher en la historia del terror español, película que además supo ser prohibida por su violencia perturbadora. En cambio Los cuerpos presentan trazos de violencia carnal, presume una aparente sutileza -acaso mayor que la del simple y directo Torso-, anclada, como bien mencionamos, en los largos títulos del giallo. Sea de la forma que fuera, ambos tienen algo en común: saben que el centro duro de la película estará anclado en el cuerpo.

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#Polémica: Jojo Rabbit (en contra)

La angustia de las influencias pone presión sobre nuevos realizadores. De repente tienen la obligación de hacer una obra maestra como las que hicieron sus maestros. Pero quizás olviden (o desconozcan) que sus antepasados no tenían esa idea a la hora de filmar. La demanda de novedad y de autoría parece ser un problema que tipos como John Ford o Howard Hawks no parecen haber sufrido. Por el contrario -y más específicamente en los directores que debutaron después de la década del 70- al ser conscientes de su lugar en el cine (muchos de ellos trabajando en géneros populares como el terror, la comedia, la acción, etc) en algún momento sienten la necesidad de transcender, como si una demanda de reconocimiento los persiguiera. El gesto de la autoría demandada es que disfraza de complejidad y mirada personal muchas ideas que en el fondo no son más que mediocres y temerosas miradas sobre el mundo. Esto le termina pasando a Waititi con Jojo Rabbit.

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#PostMarDelPlata2019 – (6): Jojo Rabbit

El personaje de Micky Vainilla es uno de esos casos en los que el humor funciona para un sketch, pero no sirve prolongarlo en el tiempo. Bien sabemos que la sátira a la derecha más extrema siempre funciona mucho mejor que la satira a la izquierda (no importa en qué país del mundo leas esto). Porque el gesto de Capusotto, amén del progresismo de pegarle a un fascista de derecha, funciona mejor como rasgo pop antes que como gesto político. El problema es cuando Capusotto quiere invertir ese componente, porque necesita decir algo importante (contrario es el caso de Bombita Rodriguez, que si es marcadamente pop y por lo tanto más libre y mordaz en su humor que satiriza al peronismo setentista). Y quizás algo de esa operatoria discursiva que fuerza una lectura politizada de lo pop es lo que sucede con Jojo Rabbit: Hitler se convirtió en parte de la cultura popular y eso le preocupa a Waititi.

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#DossierTerrorPP – (4): Terror peninsular postclásico

Tanto en Italia como en España los directores reinventaron los escenarios, las tramas y los personajes más famosos y universales, los que todavía eran reconocibles, fundamentalmente con el fin de que el público local se acercara. No es de extrañar que durante los sesenta el terror gótico (que en Europa tiene fuertes raíces literarias, dicho sea de paso) haya sido el subgénero predominante a pesar de que existiera el peplum y el giallo. Pero era el terror aquel que aseguraba un ingreso constante y masivo de divisas, por lo que los productores optaron por no innovar en ese terreno. Esa necesidad económica fue la que logró que el gótico siguiera existiendo incluso hasta el día de hoy, aunque su vigencia tenga más de anclaje al pasado que de reformulación presente. El gótico, entonces, fue la base de la pirámide que vendría luego.

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