Bad Boys para siempre (Bad Boys for Life) 
EE.UU., 2020, 123′
Dirigida por Bilall Fallah & Adil El Arbi
Con Will Smith,  Martin Lawrence,  Vanessa Hudgens,  Kate del Castillo,  Paola Nuñez, Jacob Scipio,  Joe Pantoliano,  Charles Melton,  Alexander Ludwig,  Nicky Jam, DJ Khaled,  Ivo Nandi,  Happy Anderson,  Massi Furlan,  David Shae,  Michael Bay

Un descenso espiralado y continuo

Por Sergio Monsalve

Jerry Bruckheimer y Michael Bay encontraron en Will Smith y Martin Lawrence a dos de sus alter egos en el blockbuster de los rebeldes sin causa de los noventa. La burbuja Clinton marchaba jodidamente bien, como vimos en la notable El caso de Richard Jewell, y nada hacía avizorar los futuros enredos geopolíticos del presidente cool y del siglo XXI. En aquella época, de regreso boomer a los años dorados de la loca evasión, surge la franquicia (bastante poco exitosa, por cierto) de Bad Boys, con el príncipe del rap en su apogeo como estrella del modelo pochoclero del Hollywood global y finisecular. El actor demuele la taquilla con un policial blaxpoitation, sin el bad taste de My name is Dolemite, pero favorecido por la gracia callejera del protagonista. 

La comedia de acción, la primera de la saga, era pura herencia del high concept de Un detective suelto en Hollywood, en el sentido de replantear el clasicismo del género thriller desde la periferia de un humorista afroamericano, proveniente de la televisión. Al año siguiente de Bad Boys, Will Smith estrena Día de la Independencia extendiendo su racha ganadora, en la cartelera, por los años venideros en Hombres de Negro y películas mainstream de culto (si esto fuera posible) como Soy Leyenda. El encasillamiento y el complejo de inferioridad lo llevaron a embarcarse en proyectos solemnes, para obtener la ansiada estatuilla dorada que se entrega en cada febrero. No obstante, el Oscar se le resiste como una maldición de los actores de su escuela, de un solo registro, de un solo papel, con ligeros cambios de máscara. A lo mejor le darán el premio cuando pierda 30 kilos o se olvide de complacerlos a todos. 

Los últimos tiempos ofrecen una perspectiva de crisis para el intérprete, después de los fiascos de Después de la tierra, Escuadrón suicida, Bright, Aladdin y Gemini Man. Revisando su repertorio reciente, descubrimos a un ídolo estancado, acabado para algunos, detenido en una espiral de clonación y autofagia al límite de la disolución creativa. Así lo encontramos en Bad Boys para siempre , de vuelta a un lugar común, a una zona de confort, a un devenir replicante que es símbolo del agotamiento mental, del pragmatismo que engulló a la meca. 

Michael Bay aparece en un cameo de una tercera entrega que no dirige, como uno de los chistes internos de la serie, siendo un pálido remedo de Stan Lee. Para aportar sangre y carne fresca, el productor ha adoptado el credo de Frederick Martel al pie de la letra, asumiendo que Miami es el centro del mercado de la cultura mainstream, por lo que respecta a la integración de los traperos de moda en la canción urbana. Nicky Jam y una nueva generación de patrulleros vienen a servir de escuderos y comparsas del reality show de los personajes principales, en sus típicas misiones suicidas que terminan en un anunciado final feliz y conservador. El montaje es tan plano como la dirección, sumando una secuencia de set pieces que revelan cierta destreza narrativa, para repetir los clichés estéticos de Jerry Bruckheimer. 

Dos cuestiones salvan el filme de la nada, la intrascendencia y el olvido. Una es la aceptación crepuscular de la edad y de unos figurantes que suben el listón en cuanto se ríen de sus propias miserias. Los policías se burlan de sí mismos, de sus achaques, de sus desfases. Un recurso que tampoco es original, pero que al menos brinda un gesto de auténtica revisión desmitificadora. Por el otro lado, el guion de Joe Carnahan propone uno de sus contrabandos ideológicos, diciéndonos que la infiltración de los carteles, que los Bad Boys quieren conjurar, procede de un vientre común, lo cual agrega picante y negrura al subtexto Trump de la historia. De modo que el relato del héroe se eclipsa, hacia el desenlace, desnudando las relaciones carnales y filiales entre los vigilantes y los vigilados de la mafia del narco.

Por lo demás, les advierto que el drama se soporta con una estructura de culebrón mejicano, que incluye la participación de Kate del Castillo, con un acento de lo más forzado, como cada una de sus intervenciones. 

Estereotipos etnocéntricos por siempre. 

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