Horse Girl 
EE.UU., 2020, 104′
Dirigida por Jeff Baena
Con Alison Brie,  Debby Ryan,  John Reynolds,  Molly Shannon,  John Ortiz,  Paul Reiser, Jay Duplass

Running Scared

Por Rodolfo Weisskirch

En 1965 Roman Polanski estrenaba una de sus mejores películas, quizás la mejor, de toda su filmografía. Repulsión, protagonizada por Catherine Denueve, es la madre de todas las películas sobre paranoia y esquizofrenia. El clima opresivo y claustrofóbico, que generaba el realizador de El bebé de Rosemary, solo estuvo cerca de ser emulado por él mismo trece años más tarde con El inquilino, que a la vez funciona casi como una sátira de la obra maestra del 65.

A partir de entonces, varios fueron los realizadores que jugaron a ser Polanski. Algunos lograban resultados interesantes – La escalera de Jacob (Adrian Lyne, 1990)-, pero la mayoría pasó intrascendente. Especialmente porque no comprendieron la morbosidad sexual que le interesaba exhibir a Polanski, que por aquel entonces resultaba provocativa para los estándares occidentales, aunque ya Bergman tenia piezas igual de inquietantes, pero acaso menos morbosas.

En el caso de Horse Girl, Jeff Baena y Alison Brie intentan imitar la química Polanski/Denueve, con pocas ideas, forzado humor y demasiada liviandad. Al igual que en la película del realizador franco-polaco, Sarah, la protagonista – uno de esos trabajos que piden a gritos reconocimiento y premios, pero se quedan en la superficie – es una joven reprimida sexualmente, bastante aislada socialmente, que tiene demasiadas rutinas y una personalidad voyeur. Uno sospecha que en manos de Brian DePalma la sitruación habría sido mejor explotada. Pero es lo que hay.

Jeff Baena, el director, realmente no sabe que hacer con su personaje, por eso lo proporciona de una bipolaridad que a medida que avanza el relato, se va incrementando. La protagonista empieza a tener sueños y visiones conspirativas. que le provocan imaginar que es un clon de su abuela, raptada por alienígenas. Baena y Brie pretenden pararse en una posición ambigüa, en la que aparentamente juzgan a su protagonista por su locura, pero a la vez la tratan con calidez e ingenuidad. Esto provoca que no haya clima alguno, no haya tensión, pero tampoco sorpresa. El juego de colores es tan obvio y forzado que revela el misterio mucho antes de brindar las respuestas. El guión es una sucesión de flashbacks y golpes de efecto manipuladores, que no llegan a impactar. Ni ideas ni autoconciencia. No sabemos muy bien dónde quedamos parados.

Si Polanski jugaba con el espacio, deformaba completamente la temporalidad sin avisarle al espectador, si a cada minuto de Repulsión todo se volvía más retorcido, en Horse Girl Baena aparenta imitar modelos sin un horizonte ¿Es una propuesta absurda o el melodrama de una enferma mental que es adicta a la televisión? Baena nunca intenta llevar todo más allá. No se la juega. Da respuestas arbitrarias para conformar al público medio, pero no logra meterlo realmente dentro de la cabeza de la protagonista. Hay demasiada preocupación por caracterizar al personaje a través del vestuario, el peinado, el maquillaje, pero la profundidad interna no existe. Alison Brie trabaja con su mirada inocente y una sonrisa impostada, pero más allá de eso, no se ve otra cosa que le suponga algún desafío, porque corre en el vacío, asustada.

Cuando el personaje empieza a ser turbio para la sociedad, y su entorno laboral, Brie y Baena descubren una faceta peligrosa, sociópata que podría haber derivado a algo más espeluznante. Pero se queda en el molde, en cambio. Mejor, encerrarla en un hospital psiquitátrico. Y ahí si, que se ponga a imitar a Jack Nicholson en Atrapado sin salida.

Obra menor, demasiado pretenciosa para su resultado final y demasiado indie para resaltar, Horse Girl es conceptualmente previsible, desperdicia un buen elenco -está la gran Molly Shannon en un personaje que no le hace justicia- y nunca sale a buscar el riesgo visual y narrativo, que la propuesta ameritaba. Otro derrape sin gracia de Netflix, y van… 

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