Esta sección nació para morir mil veces. O quizás en vez de Lost and found debió haberse llamado Quémese después de verse. Acaso porque al tratarse de links abiertos para películas raras, extrañas o difíciles de ver, esos links en cuestión no duran mucho en la red. O en algunos casos, suerte mediante, quizás hasta podemos tenerlos ahí donde están durante un tiempo prolongado. La realidad es que esta sección flamígera vuelve este mes por más material. Lo que no podemos asegurar es que ese material esté disponible siempre.

Torso no es el único nombre con el que se conoce a esta película (de hecho buena parte de las producciones italianas de terror de los 60s-70’s adoptaron la modalidad de contar con varios nombres a la vez para el mercado internacional), sino que tiene otro título con el que se la conoce, característico de ciertos giallos, en donde la extensión de los títulos de las películas construían el clima previo a la película. Torso también fue conocida como Los cuerpos presentan trazos de violencia carnal. Sin ir más lejos, el título corto me retrotrae a Pieces (1982) de Juan Piquer Simon (también conocida como Mil gritos tiene la noche), acaso el primer slasher en la historia del terror español, película que además supo ser prohibida por su violencia perturbadora. En cambio Los cuerpos presentan trazos de violencia carnal, presume una aparente sutileza -acaso mayor que la del simple y directo Torso-, anclada, como bien mencionamos, en los largos títulos del giallo. Sea de la forma que fuera, ambos tienen algo en común: saben que el centro duro de la película estará anclado en el cuerpo. 

La historia, a primera vista, remeda lugares comunes del sub-genero: Un grupo de chicas de una universidad son atacadas por alguien disfrazado. Sabemos que es un hombre porque prácticamente le vemos la cara pero también porque en ningún momento el director ve a las mujeres como sospechosas: acá los que tienen los problemas son los hombres, principales responsables de toda sospecha. Todos los hombres que aparecen son desagradables, una característica que comparte con muchos giallos. Pero en este caso genera que se dude de ellos, jamás desconfiamos de las mujeres, las cuales viven una libertad que sus contrapartes no pueden, sea por traumas o por represión de sus deseos. Si, en Torso el sexo y el dolor van de la mano. Los personajes masculinos por lo general mueren, mientras que los femeninos tienden a vivir libres, algo curioso si uno lo compara con ciertos slashers que aparecerán algunos años después invirtiendo esta carga moral.

La película está dividida en dos partes diferenciadas. La primera parte está cercana al giallo. Hay un policía, una investigación, sospechosos, gente que sabe de más y muere, incluso la acción es dispersiva y trascurre en distintos lugares. Es en la segunda parte, en cambio, las cosas cambian, como si el director hiciera un borrón de todo y optara por la clautrofobia. La mayor parte de la acción trascurre en una casa. A su vez la investigación -y por ende, el detective-, desaparece. Incluso pasamos de los múltiples personajes del primer segmento a que la película se concentre apenas en unos pocos. Esa primera parte sirve para que la historia llegue a su conclusión lógica, pero aun así es llamativa la operación que hace Martino. Incluso dada esa coherencia se entiende la decisión de cambiar a los personajes principales. Este es uno de los aspectos que le da sentido a la película en función de sus dos títulos. 

Como suele ocurrir con el giallo la sombra de Hitchcock es enorme. Desde Bava a Argento quienes reelaboran las ideas del director británico y rinden tributo. Pero en Torso hay algo de autohomenaje, propio de una película de despedida. Aquí están todos los giallos del director aludidos directa o indirecatamente, como si la película diera cuenta de un tiempo que se termina o de una transición hacia otra cosa. Tal vez sea por ese clima de despedida que termino siendo la que mejor peicula del director, a la vez que es la más accesible de todas las películas de su carrera. 

Las alusiones a Hitchcock y a Mario Bava no faltan. Por eso una de las tantas ideas que trabaja aquí Martino se centra en la mirada. En una de las primeras escenas, la cámara va de alumno en alumno enfocándose en los personajes que tendrán alguna injerencia en la trama. Finalmente se queda en Dani (Tina Aumont) quien va a ser uno de los puntos en donde se apoye la historia. Dani va a ser la que vea a las dos primeras víctimas antes de morir. En esos dos casos la cámara de Martino lo va a subrayar primero con un zoom y luego con un primer plano de su cara. Va a ser ese acto el que también la termine condenando. Ella verá al asesino pero no lo recordara, el sí. Ella terminara acusando a otro compañero por llevar una bufanda similar al del asesino, lo cual será nuevamente subrayado con otro zoom.

El acto de mirar también estará presente en la secuencia más famosa de la película. Esa en que la protagonista, oculta detrás de un sillón, ve como cercenan a sus amigas, a la vez que el asesino desconoce que queda alguien vivo. En los dos primeros asesinatos aparece el flashback de la mano de un niño acercándose a los ojos de una muñeca, lo cual será re significado cuando se desvele el motivo. Uno de los personajes es el voyeur del pueblo donde van las protagonistas. Este es mudo y será descubierto por el asesino mientras espía a una pareja teniendo relaciones. En una gran secuencia de suspenso la angustia crece mientras vemos que la muerte se acerca y que no puedo esquivarla. Esa, junto al principio, en donde se ve una relación sexual siendo fotografiada, es en donde se establece este juego de la mirada e incluso dará una hipótesis sobre ella. Mirar tiene consecuencias. 

Volviendo a la influencia de Bava, por otro lado, Torso está notablemente emparentada con Bay of blood (1971) esa crítica salvaje de Bava al sub-género que había creado. Se tratan de dos películas concentradas más en los asesinatos que en la intriga y en la investigación. Son películas obsesionadas con la destrucción del cuerpo. Si en Bay of blood una parejita era ensartada con una lanza en pleno acto sexual, si el cuello de una chica semidesnuda era cortado por un machete, en ambos casos la cámara se quedaba con ellos hasta sus últimos alientos de vida. En Torso su director no se queda atrás: el asesino le saca los ojos a un victima, a otra le corta un pecho. El cuerpo se ha convertido en un objeto puro y desafectivizado.  Los dos directores parecieran estar diciendo a su manera que ya no hay personas en los escenarios del giallo (o del post-Giallo, a esta altura) sino objetos (muñecas, maniquíes) que están a disposición del sadismo. Si bien Bava es más contemplativo, porque aún le importa la vida de los personajes, Martino redobla el sadismo de sus asesinos. Por eso no es ridículo que al inicio de la película ese profesor (John Richardson quien también trabajo con Bava) hable de Piero de la Francesca mientras muestra la imagen de una mujer penetrada por flechas. 

Ahora bien, cerremos con la última media hora, la más recordada. En ese momento cada espacio es una posibilidad para la cámara y cada elemento sirve para crear suspenso. Si no la vieron, eso es un muestrario de las virtudes de un director que siempre fue un prodigio creando escenas de suspenso. Acaso sin saberlo -o sin planteárselo de forma consciente- Martino termino reflexionando sobre el final de un sub-genero. Su película se estrena en 1973, época en que el giallo ya estaba dando pasó al poliziotteschi. La inclusión de Kendall, protagonista de El pájaro de las plumas de cristal (Darío Argento, 1969), podría ser, a esta altura, un hecho no casual. Ya no se podía hacer el mismo cine que se habituaba apenas dos años antes. Lejos están las tramas en casas de modas o que el conflicto le ocurra a modelos y gente de similar ámbito. Hasta el asesino con la máscara es algo poco habitual en el giallo, obsesionado con lo táctil y las manos. En Torso, el estilo es sucio, la cámara se mete en el barro, sus personajes son asquerosos. Tal vez le queda mejor llamarse con su nombre vulgar: al final de cuentas se trata de una película chancha sobre el final de una época. 

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