Fargo
EE.UU., 2014-2015-2017, 30 episodios de 60′ aproximadamente
Creada por Noah Hawley
Con Billy Bob Thornton, Martin Freeman, Allison Tolman, Colin Hanks, Oliver Platt, Bob Odenkirk, Adam Goldberg, Russell Harvard, Joshua Close, Joey King, Keith Carradine, Kate Walsh, Rachel Blanchard, Jordan Peele, Keegan-Michael Key, Susan Park, Gary Valentine, Glenn Howerton, Tom Musgrave, Barry Flatman, Julie Ann Emery, Peter Breitmayer

Un lugar en el mundo

Por Diego Kohan

Vi la primera temporada de Fargo dos veces, con meses (o años) de distancia. Como pasa con pocas series, esta segunda mirada permite una segunda lectura. Porque los productos televisivos son pura trama, puro guión, personajes carismáticos que conocemos a fondo, y por más logrado e impecable que esté todo, el techo de una serie generalmente tiende a ser bajo, por varios motivos que comentaremos en otra oportunidad. Entiendo que las series antes que arte son entretenimiento (aunque suene como un modo de menospreciar, es más una descripción subjetiva), menos pensadas como una forma de comunicar ideas –casi no importa quién es el director- que como productos de góndola para consumir insaciablemente, para que veamos episodio tras episodio y al finalizar pasemos directo a la próxima serie, alguna pendiente, porque rara vez se ven (enteras) dos veces. Es verdad que Fargo es una miniserie; aunque tenga varias temporadas (tres, discontinuadas: 2014, 2015 y 2017), cada una tiene una historia distinta y sólo 10 episodios. Aprovecho la ocasión para recomendar SherlockLuther y True Detective. No pierdan el tiempo con The Night Of.

Pero volvamos a nuestra serie y las segundas lecturas. ¿Qué es esto? Es la temática que está por debajo de la fábula (historia), es lo que hace que, por ejemplo, El Padrino no sea sólo una película de gangsters y a la vez no todas las películas de gangsters sean como El PadrinoFargo, como uno supone por haber visto la película y el tráiler de la serie, es un policial con personajes un poco oscuros, un poco absurdos, con una hermosa fotografía, un guión de hierro y buenas actuaciones. Casi que me atrevo a decir que no hace falta haber visto toda la temporada para saber esto. En la serie podemos reconocer al Mal -con mayúsculas- pero no al Bien, no en su forma de fuerza omnisciente. El otro componente claro y reconocible, sobretodo en las casualidades que involucran a los personajes, es el Destino (siempre en mayúscula). Ahora bien, es importante aclarar, como siempre, que para que la segunda lectura tenga lugar es imprescindible y no negociable que la primera lectura no tenga fisuras, ni de guión ni alegóricas. Por ejemplo, acá todas las idas y vueltas de los personajes en lo que a telaraña policial se refiere están perfectas. Y es con un fin que veremos más adelante. Paciencia.

Fargo, la serie, debe tomarse el trabajo de diferenciarse a la vez que referenciar a la película de los Coen de mediados de la década del 90. En este sentido es notable el trabajo de Noah Hawley (el creador-showrunner de Fargo, como él mismo se presenta en su cuenta de Twitter) para recrear la atmósfera de la película original y clonar elementos propios de los Coen -como Lorne Malvo, tan parecido a Anton Chigurh (Javier Bardem), el mal encarnado en esa obra maestra que es Sin lugar para los débiles- a su vez que logra amplificar ese mundo hacia otras zonas. Veamos de qué se trata la idea.

Fargo comienza con un “sacrificio”, aunque en el momento no lo sabemos y pensamos que es un simple accidente producido por la nieve y la oscuridad nocturna. Lorne Malvo (excelente Billy Bob Thornton) atropella un ciervo, uno de los animales-símbolo más clásicos de la historia de la cultura occidental. Le podría haber pasado a cualquiera. O no. Más pronto que tarde aparecen las sospechas de que no fueron el azar y la imprudencia sino el Destino (ahora si, con mayúscula), esa fuerza que como un río rebelde arrastra y encauza todo y a todos. Así como mata al ciervo, Malvo conocerá a Lester (Martín Freeman, correcto en general y brillante por momentos), un boludón bulleado por todo su entorno (hermano, esposa, excompañeros, etc, etc), en la que es una de las escenas (sala de espera) más icónicas y supremas de la serie ( y de la primer temporada). Lo que en apariencia (y gracias a la lástima que genera Lester) es un encuentro entre el Bien y el Mal, no resulta otra cosa que un pacto fáustico, que, como siempre, tendrá resultados trágicos; pero lo magnífico de esta escena es que, como decíamos, ahí están reunidos de manera simple y transparente los principales elementos de Fargo: el Destino haciéndose presente y obvio, la aparente empatía de Malvo (¿acaso la misma que tuvo con el Ciervo?), la torpeza, miedo e ingenuidad de Lester, la propuesta de asesinato y nuestra intriga por saber qué motoriza a este villano, si es diversión, si es el goce por matar o el goce de pervertir a un inocente (intriga que nunca va a ser resuelta y que incluso se reforzará en el arco –¿innecesario?- en torno al carnicero) y la dualidad del protagonista, que se hace el boludo y no desestima categóricamente la propuesta. La resolución de esta escena (que al ser clave terminará estructurando moralmente a toda la historia) que en principio parece un mal entendido, después, a algunos, nos va a significar una clara evidencia de la maldad y perversión de Lester, un ser frío y violento, fascinado (esa mezcla de excitación y miedo) por los actos maléficos. Es interesante entender (creemos que entendemos, bah) que una vez concretado su rito iniciático (un femicidio) su camino no terminará hasta perder toda la humanidad y bondad que podía portar consigo, quedando asi absolutamente vacío.
El rito, como dijimos, tendrá una marca: la herida de bala en su mano, que va a sangrar, doler y arder, que para todos está oculta pero que se infecta cada vez más. Y que finalmente sana cuando en Lester ya no queda nada por curar. Veamos las secuencias de muertes de sus dos parejas, ahí está el viaje de Lester, en su contemplación y actuación en una y otra oportunidad. Digámoslo de una vez, porque ya es obvio: Lester se fue al lado oscuro. Los últimos 2 episodios nos permiten ver lo patético y vacío de este tipo: a diferencia de su punto de partida, ahora tiene éxito económico y profesional, una mujer (joven y bella) que lo adora, pero sin embargo su nueva personalidad (porque él sigue siendo el mismo, sólo cambió la piel, como las serpientes) va a buscar la aprobación de Malvo, y hasta podemos suponer que él sabe lo que puede desatar. Hasta lo necesita, porque está vacío y sólo eso lo moviliza.

Fargo es una serie excelente, pero tiene algunos engranajes un poco forzados o directamente inentendibles (no en el sentido del absurdo lyncheano de Twin Peaks), como la historia de Malvo con Stravos Milos. Es una de las subtramas que no terminan de encajar en el cuadro general que tan bien maneja la serie. Se me ocurre que quizás este arco sirve para reforzar algunas ideas, como la del concepto del Destino (el maletín con dinero, la tormenta de pingüinos –que tiene una justificación física, inclusive- ), y a su vez mostrarnos un poco más a Lorne Malvo, comunicarnos que no es un loquito sino que busca el dinero (como en su trabajo interrumpido por Lester al final de la temporada) y a su vez enseñarnos su habilidad y perversión para manipular a la gente. No obstante toda la cuestión bíblica de este arco entiendo que es innecesaria y pedante, no aporta nada. Toda la trama de Stravos Milos, concluyo, está más al servicio del realizador y de la fascinación formal que de la fabula y su segunda lectura que mencionábamos en un principio.

Al comienzo de la serie hay una manipulación interesante sobre el espectador, enmarcando el femicidio cometido por el protagonista; porque hasta ese punto el pobre infeliz nos daba pena, ansiábamos que se despertara e hiciera algo (no ese algo, claro) y nos resultaba odiosa su esposa y la humillación constante a la que esta sometía a su marido. Es una lástima que esta manipulación no vuelva a aparecer de forma tan contrastada. También al comienzo es cuando el personaje de la viuda de Vern Thurman demuestra la gravedad de las consecuencias de algunos actos, y esto también se va a ir perdiendo con el correr de los episodios. Quizás uno de los mayores problemas radique en que el humanismo (si, aunque no lo crean) que emanaba de la película de los Coen (el mal como un hecho humano y terrenal) termina minimizado, en alguna medida, ya que parece no permitir asumir las consecuencias para los personajes. Y quizás eso se deba a que en la serie nada importa tanto como los conceptos de Mal y Destino, que son conceptos supra-terrenales y en donde el humanismo pareciera quedar relegado a un segundo plano.

Pero entonces, ¿son todos malos en Fargo? No, el tema es que en la visión que se nos presenta, los actores (quienes hacen el ejercicio, la práctica, la ejecución diaria) del bien son torpes, perezosos o directamente están fuera de campo, sin relevancia. (“Están investigando lo de Las Vegas”). Es una decisión y mirada política y de vida, si. Pero también tiene sus consecuencias. Quien sí está presente y a quien le hemos dedicado poco tiempo -injustamente- es a Molly. Este personaje tiene la tarea clásica de resolver el crimen, de hacer que la trama policial avance. Molly –como diría un spot barato electoral- es Solverson: Solver/solucionador, Son/hijo. Su padre -veremos en la siguiente temporada- alguna vez tuvo ese mismo rol. La composición de este personaje es para destacar, la sutileza y el balance entre fragilidad, valentía, sentido de deber y demás son extraordinarios, precisamente porque en ella se filtran rasgos de humanidad que no están presentes en otros casos. Ella, sin embargo, no es una heroína porque en ningún momento termina de desobedecer cabalmente la cadena de mando, es decir, nunca termina de ponderar el deber heroico por sobre el laboral. Incluso, segundos antes de terminar la serie (hablamos de la temporada 1), Molly dice que su recompensa es el ascenso a puesto de Jefe de Policía.

En Fargo (y en esto la serie se equipara con la película) no hay héroes, porque, como dijimos, al final de cuentas la cosa no trata solo sobre la lucha entre el Bien y el Mal –como sospechamos en la escena de la sala de espera- sino que esta fábula pone en escena la convivencia entre el Mal en todas sus formas y el poderío del Destino. Para sostener ambos conceptos podemos usar al bueno de Bill (Bob Odenkirk), que por bueno y tarado es funcional al Mal y que por otro lado, más adelante en la historia, cuenta las peripecias para encontrar a su hijo adoptivo de forma milagrosa (una manifestación más del destino, concepto central). Esta convivencia entre el Mal y el Destino se aprecia en la forma en la que Malvo es derrotado, al mismo tiempo por vez primera y última. Gus (Colin Hanks, que está muy bien), a diferencia del villano en el comienzo de la serie, evita atropellar a un animal (un lobo, guiño-guiño) y ve la cabaña donde va a encontrar a ese hombre que lo aterroriza. La escena donde lo enfrenta está despojada de todo heroísmo, una vez más. Gus apunta con un arma a un hombre herido, sin chance de defenderse. No respeta sus garantías legales, no lo deja hablar. Lo liquida a quemarropa, con varios disparos.

Párrafos arriba hablábamos de la intriga que nos genera(ba) desconocer las motivaciones reales de Malvo. En su papel de dentista, parece no salirse nunca de su personaje, está tan concentrado en la recompensa monetaria que no se permite gozar con ninguna perversión, pero sin embargo cuando visita la anterior casa de Lester no puede resistirse a asustar, innecesariamente, a los chicos que viven ahí. Incluso, sus habilidades sociales y actorales son destacadas. Como detalle, a lo largo de la serie sólo hay dos personas que merecen su respeto: Mr Wrench y Lou Solverson. Con éste último se da una relación (fugaz) que nos hace acordar a la del personaje de Bardem con el de Lee Jones en, nuevamente, Sin lugar para los débiles. Persisten los Coen.

Fargo logra ser una serie con pocas fisuras, pero no nos permite quedarnos sólo con esto sino que nos recuerda permanentemente que hay algo por encima y por debajo de la fábula. Como espectadores agradecemos que cada episodio no termine con un “gancho” para el siguiente y que la serie no dé vueltas en círculo sólo para ganar tiempo. Podrá haber algún pozo en el camino, sí, pero nunca nos deja caer del caballo.

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