The Politician
EE.UU., 2019, 8 episodios de 45′
Ceeada por Ryan Murphy
Con Ben Platt,  Gwyneth Paltrow,  Jessica Lange,  Zoey Deutch,  Bob Balaban, Benjamin Barrett,  Lucy Boynton,  David Corenswet,  Julia Schlaepfer,  Laura Dreyfuss, Theo Germaine,  Rahne Jones,  January Jones,  Dylan McDermott,  Bette Midler

¡Es la política, estúpido!

Por Rodolfo Weisskirch

Ryan Murphy llegó a Netflix. Porque si no era suficiente tener 3 series en el aire al mismo tiempo, el próximo paso lógico era saltar a la plataforma de streaming más globalizada de la actualidad.

The Politician es un producto genuinamente Murphy. Tiene la ampulosidad de los universos de este creador, los detalles de colores pasteles y kitch, los números musicales, los diálogos ácidos e irónicos, las temáticas sexuales y sociales que atraen a este creador. Y sucede, principalmente en un mundo adolescente, mundo por el que este productor y escritor siempre ha sentido especial afecto.

Y si bien la política está presente en la obra de Murphy desde Nip/Tuck hasta American Crime Story, nunca tomó tanto protagonismo literal como en este caso. El trazo grueso es tan evidente, que en ningún momento Murphy y su equipo, se preocupan por ocultar los hilos satíricos del relato. Todo lo contrario: los exponen brutalmente, sin sutileza alguna. De hecho lonhace con un nivel de cinismo que recuerda un poco al tono de las comedias de Mike Nichols. Y eso se vuelve evidente en una cita final a la película más reconocida del director de Catch 22

Es cierto, el formato streaming no modifica demasiado la estructura narrativa que suele implementar RM en sus otras producciones, lo que hace que los cliffhanger no resulten forzados. Al mismo tiempo la evolución del personaje se acomoda al estilo de relato, como si en la práctica el estilo de Murphy no hubiera sufrido demasiado con el cambio de formato, sino más bien como si hubiera experimentado una buena adaptación.

Ben Platt, un actor que fue ganando renombre dentro de la comedia musical en Broadway, es el protagonista absoluto de The Politician. Interpreta a Payton Hobart, hijo adoptivo de un multimillonario y una aristócrata –Bob Balaban y Gwyneth Paltrow- que sueña en convertirse en presidente de los Estados Unidos. Su única meta en la vida es esa. Y sus mejores amigos y su novia lo acompañan en sus aspiraciones políticas. Para eso estudió vida y obra de cada uno de los presidentes estadounidenses, deteniéndose no solo en la evolución de la carrera política de cada uno, sino también, y especialmente, en los traspiés, en los errores de las campañas y las gestiones. 

The Politician centra 7 de sus 8 capítulos en la campaña de Payton para llegar a ser Presidente del consejo de alumnos de su colegio secundario, al tiempo que intenta ingresar honorablemente a Harvard. La serie (como lo suele hacer toda sátira) es un claro reflejo de la la sociedad de su época( en este caso es la sociedad estadounidense contemporánea recreada en el micromundo de los estudiantes de secundaria, hijos de millonarios e influyentes sociales, y políticos). Pero, a medida que Payton se va a abriendo paso entre competidores –un ex profesor de cantonés suyo, que le despierta los primeros genuinos sentimientos románticos- también debe pensar en compañeros de fórmula, y ahí aparece el segundo personaje que encuentra subtrama propia: Infinity Jackson –la ascendente Zoey Dutch- una joven enferma de cáncer, manipulada por una abuela que se aprovecha de su enfermedad para conseguir comida y viajes gratis – Jessica Lange en piloto automático – y un novio pobre y tonto. 

Acaso lo más interesante de The Politician, termine siendo su autoconciencia y su, paradójicamente, correcta incorrección política. Murphy no tiene miedo de burlarse de la inclusividad para generar lástima y más votos. Al contrario, lo expone con todas sus contradicciones y sin caer en recursos solemnes. El problema es que cuando lo hace en reiteradas ocasiones se vuelve redundante, obvio y previsible. Los giros dramáticos no resultan sorpresivos ni muy arriesgados. Pero también hay un juego con esa previsibilidad, que converge con la pretensión de reproducir en menor medida escándalos y acciones reales de y contra presidentes estadounidenses, dentro de un contexto escolar.

Es imposible no leer The Politician a tono con el panorama político nacional e internacional que vive Estados Unidos, y aunque Payton no juega para ningún partido político –hasta el final Murphy y equipo evitan hablar de demócratas y republicanos- el bipartidismo está presente de principio a fin. 

Como suele pasar en las producciones del director, el culebrón es una parte fundamental de la estructura dramática con revelaciones sexuales, infidelidades románticas, muertes repentinas incluidas. Pero The Policitian nunca pierde la brújula irónica, explota el perfil más absurdo de sus intérpretes y juega constantemente con la cultura del espectador, por eso los personajes son algo más que personajes, sino que también funcionan como representantes a pequeña escala de roles sociales.

Queda la sensación que Murphy pretende construir una sátira a las series de Aaron Sorkin –la velocidad de los diálogos, el contexto político-social- con un sello propio, y lo consigue a medias. Nunca la serie llega a tener el grado de ingenio e inteligencia de sus protagonistas, y cae en algunos clichés y lugares comunes –la hija de millonario que quiere una vida común en la gran ciudad, viviendo como si fuera una moza de clase media; el fantasma que funciona como conciencia del protagonista- que rectifica con orgullo, aunque al final de cuentas Murphy demuestra tener pocas ideas para dar vuelta.

Visualmente, Murphy continúa con la prolijidad de puesta y ambición de Versace, con algunos matices de la estética y frialdad de Wes Anderson. La presencia de Balaban y Paltrow, por tanto, no es casual, sino que es una abierta y directa conexión con los rasgos distintivos de los personajes del director de Los excéntricos Tenenbaum

Da la impresión de que tanta superficialidad y ampulosidad en el tono, no permiten que Murphy vaya más allá. O en todo caso parece que tampoco hay más allá para su estilo. Apuesta por lo que le queda más cómodo, y de esa manera el riesgo se queda corto. Asi las cosas, la autoconsciente metáfora y el simbolismo como recurso constante no afectan nuestra empatía hacia los personajes. Aún en sus momentos más oscuros, los protagonistas logran generar una mínima identificación. Se hacen permeables y la química entre los intérpretes ayuda que eso se genere.

Lo interesante es que aún pudiendo hacerlo, The Politician es un producto que no esconde su cálculo. Falla cuando pretende ser más ingeniosa de lo que es y acierta cuando consigue un equilibrio entre lo que satiriza y cuando debe entregarse a las emociones de los personajes. Es manipuladora, pero no demagógica. Se burla del universo adolescente retratado en series como 13 reasons why, pero a su vez genera un retrato con una ética que no abandona a aquellos a quienes puede destruir.

Para terminar vale la pena una mención acerca del último y octavo episodio, que da un giro completo respecto a lo que veníamos viendo, hecho que le aporta una cierta vitalidad y renovación a la narración. Ese episodio logra ser un término intermedio entre un epílogo y la introducción a una segunda temporada exhibiendo cual va a ser el eje de la próxima campaña del protagonista.

Oportuna con los tiempos, anticipándose a la contienda del año entrante en Estados Unidos, The Politician se mimetiza con guiños y casualidades al clima electoral. Pero a diferencia de los verdaderos políticos, dentro de la cáscara, la serie oculta un relato de espíritu capriano (si, por Frank Capra) hecho con honestidad y valores clásicos. Entre tanta apuesta al efectismo y al impacto inmediato, estamos ante una obra que, aún con sus desniveles, apela a recuperar las raíces del cine y la literatura de raíz clásica. No es un hecho desdeñable. Más bien lo contrario

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